miércoles, 7 de noviembre de 2012

¿Una buena economía descompone a una sociedad?


Sí. Pongamos que un país pobre repentinamente se hace rico. No por trabajo sino por circunstancias externas como las de Grecia cuando fue admitida en la zona del euro o las de Panamá cuando allí se construyó el Canal.

Esa riqueza repentina y deseada pero no planeada,  cae en manos del Estado, y en manos, por ende, del partido gobernante, el que se quiere quedar uno o dos o muchos más períodos en el poder. Ese partido regalará dinero a los ciudadanos para que lo voten nuevamente, para dárselas de buen gobernante y, en fin, para retener el poder.

Pasados unos cuantos años, la sociedad estará acostumbrada a que no hay necesidad de trabajar para vivir bien. El Estado habrá creado la creencia de que con dos de cada diez personas en edad laboral que trabajen está bien. Los otros ocho creerán que no tienen por qué trabajar, que el Estado ¡está! obligado a mantenerlos. Pero para entonces el Estado ya será un monstruo de magnitudes descomunales, de la población económicamente activa tendrá absorbida un 20% o más, y ¿qué pasa si aparte de esa terrible mala administración la riqueza, ésa que había llegado sin mucho trabajo de por medio, decide marcharse a mejores horizontes? Pues el resultado es, en las condiciones actuales, España o Grecia, por poner dos sencillos ejemplos.

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