sábado, 15 de septiembre de 2012

¿Cómo se mete un país en una crisis?


A veces resulta que hay gobiernos que hacen las cosas  bien, que un determinado país tiene dinero, que la recaudación funciona, que las empresas se multiplican, que la mano de obra está  bien pagada, que los precios de los productos básicos son razonables, en fin que el país funciona más o menos bien, que crece su economía, que es confiable para los inversionistas y que sus habitantes gozan de ciertas comodidades.

La pregunta es, ¿un país así se puede descomponer? Sí, y muy fácilmente y de la mano del gobierno. Sólo es necesario que llegue al poder un jefe de Estado al que no le guste la forma en que el país está funcionando y se proponga reestructurar su economía.

Supongamos que este nuevo hombre dice que hay empresas muy ricas y que no deben de estar en manos privadas. Las expropia. Si cree que las leyes laborales son injustas con los obramos, probablemente promulgue unas en extremo radicales. Quizás también considere que faltan instituciones públicas y se ponga a crear todas las que se le antojen. Probablemente  sospeche que hay productos muy caros y decida fijar precios tope. Y como corona a su magna obra tal vez considere que sus compatriotas no deben de consumir mucho o nada los productos que no se hacen en el país y suba los aranceles o invente cualquier pretexto para no dejarlos entrar.

El resultado de todas estas obras será, en un período de tiempo muy breve, un país completamente en el esqueleto, con un Estado descomunal que consumirá todos los fondos posibles, con falta de empleo y muy mal pagado el existente, con productos básicos por las nubes y de pésima calidad, entre otras muchas desgracias que puede padecer un país por culpa de sus gobernantes.

Sí, los países ricos pueden llegar a ser muy pobres en muy poco tiempo,  y no hay que hacer mucho para conseguirlo, sólo votar a un loco que se crea Mesías en las elecciones presidenciales.

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