viernes, 19 de febrero de 2010

En la educación los primeros en fallar son los padres


Desgraciadamente así es, antes que culpar a un Estado miserable que se inventa una Historia nacional porque la oficial no le gusta, y que usa las aulas para adoctrinar a los niños como lo considera conveniente el partido que tiene el mango del sartén; antes también de repudiar al nefasto y corrupto sindicato de maestros que hacen hasta lo imposible por no cumplir su deber y si cobrar un sueldo inmerecido, la culpa de la pésima formación y por consecuencia conducta de los jóvenes adolescentes, que se les agrava con el tiempo, es de los que los han traído al mundo.

Los niños no pasan la mayoría del tiempo en la escuela, sino en su casa, y no quieren más al maestro ni mucho menos al presidente, quieren más que a nadie a sus padres. Por ello hacen el mayor caso a éstos, los imitan y los admiran. El padre que practica con gusto la pereza, grita, se emborracha y viste como cama sin tender, es, desgraciadamente, un héroe o un modelo para su hijo.

Aparte de servir como el peor ejemplo que puede existir, muchos padres eluden del modo que pueden relacionarse con la educación de sus hijos. Si se les cuestiona la razón responderán cínicamente que su preparación fue muy escasa y que por ello no están capacitados para apoyar a sus hijos en sus tareas, y que consideran mejor dejarlos en manos de los maestros. Ésa es la formula para quitarse de encima al hijo el tiempo que les toca convivir con él en casa. Así es que al niño le toca pasar la tarde solo haciendo su tarea, en la cual sus padres no le pueden ayudar porque su preparación fue muy escasa, y no hay ningún problema cuando la tarea fue poca o el niño la termina rápido, porque la televisión es el padre sustituto mas eficiente que existe.

Pero la realidad es que no hay ningún pretexto sólido para evitar la responsabilidad que es educar a un hijo. No se trata de enseñarles modales aristocráticos, ni darles clases de economía o de derecho constitucional. Cualquier persona, casi hasta los más idiotas, sabe lo que es bueno y lo que es malo, como se debe de comportar una persona dignamente, que el trabajo es la fuente de todos, o casi todos, los beneficios que puede conseguir el ser humano, que el respeto no garantiza pero si ayuda a vivir en paz, y tantas cosas mas que son necesarias en la tarea de formar a personas que serán útiles para la sociedad.

Esas cosas tan necesarias en un ser humano de bien, están muy lejos de ser enseñadas por los maestros, porque no les toca. A ellos les compete solamente la tarea de transmitirles conocimiento del cual pueden carecer los padres. El niño es un enorme receptor que todo aprende por su característica curiosidad, y por el amor que siente a sus padres es más lógico que a ellos les preste la mayor atención. Dicen por ahí que la familia no funciona casi nunca, pero es el mejor entorno, conocido hasta la fecha, donde se pueden transmitir los mejores valores morales a sus miembros.

Algo que los padres jamás deben de hacer es alejarse de sus hijos valiéndose de cualquier pretexto, porque cuando un niño tiene problemas en su escuela el último de los remedios es llevarlo a otra, pero no es tan sencillo mudarse de familia. La consecuencia de descuidos tan injustificables como dejar que a un hijo lo eduque el viento es la sociedad que padecemos, de la que tanto nos quejamos, pero que está hecha a nuestra imagen y semejanza. Un buen lugar para empezar a cambiar lo que no nos gusta es nuestra casa.

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