jueves, 18 de febrero de 2010

No hay que dejar que se nos vaya la vida esperando al Mesías


No hablo en el aspecto religioso, naturalmente, sino en el político. Porque hay quien se la vive esperando a que un buen día llegue un gobernante que con una varita mágica resuelva todo: elimine la pobreza, la inseguridad, dé atención a todos los enfermos, acabe con la corrupción y haga de su país una potencia. Es realmente un problema la existencia de personas que creen que si, que con un poco de paciencia, pancartas y marchas ese héroe aparecerá. El problema es todavía peor cuando aparecen los que creen que son ellos los elegidos, dotados de una inteligencia anormal con la cual salvaran a su pueblo de la desgracia que consideran es la Libertad.

Stalin, Mao, Chávez, Castro (le dejo ahí porque me tiemblan las manos), son los mas claros y catastróficos ejemplos de que el Mesías no existe. No es un solo hombre ni unos cuantos los que pueden lograr los cambios que todos anhelamos para nuestro país. Una nación llena de perezosos, fanáticos, necios y envidiosos no lograra progresar aún teniendo a los mejores estadistas del mundo. Para encontrar el camino mas corto hacia el progreso es necesario vivir bajo el Imperio de la Ley, que las instituciones funcionen, que el pueblo elija concientemente a sus gobernantes y que la Libertad sea la columna vertebral de la economía.

Desgraciadamente lo último que acabo de escribir no puede verse realizado cuando la población cumple letra por letra los requisitos de las líneas anteriores. Es innegable que cuando la cultura está más viciada surgen los peores gobernantes, los mas autoritarios, torpes y criminales. Salvo pocos casos siempre es así, porque un pueblo en pañales culturalmente no tiene el criterio para elegir ni para exigir lo mas conveniente. Cuando las personas apenas tienen un remota idea de para que sirve la democracia, son como un niño que tiene en sus manos una pistola, la usan para darse un tiro. Porque, por vergonzoso que sea, muchos de los peores gobernantes que han existido en los últimos años, llegaron al poder por la vía del voto.

La experiencia nos dice que es mejor inclinarnos por un gobernante prudente, que deje al país desarrollarse sin meter las manos donde no le corresponde y no puede hacer nada. Porque el beneficio que todos esperamos lejos está de llegar de las manos de políticos con buenas o pésimas intensiones. El Estado es nuestro calvario, al que tenemos que padecer manteniéndolo con los impuestos que suben con aterradora frecuencia, y no es la tabla de salvación que muchos piensan. Así que un Mesías que se quiera meter en todo para arreglarlo, no hará sino descomponer lo poco que sirve.

Tenemos que dejar de esperar mucho del gobierno y poco de nuestra inteligencia, eso no nos llevara a nada bueno, pero pensado contrariamente es mas probable que algo positivo salga. Esa vieja esperanza de que llegue un gobernante que castigue a los malos y beneficie a los buenos tiene que encontrar pronto su fecha de caducidad en estas tierras latinoamericanas. De lo contrario tendremos que prepararnos para más años de miseria, acompañados por dictadores de esos que matan al que les lleva la contra.

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