miércoles, 17 de febrero de 2010

¿Por qué es necesario un Estado laico?

Como es bien sabido, un país por lo general está poblado por personas de varias razas y religiones, casi siempre con una mayoría y muchas minorías. Y es común que esa mayoría sea la que determina la identidad de la nación, cómo también que las minorías se limiten a tener un papel casi anónimo, viviendo todos juntos, apoyándose entre ellos y educando a sus hijos sin recurrir al sistema.

Hablan su idioma y practican su religión. Tienen derecho a ello. Pero eso genera siempre los comentarios a veces racistas y otras nacionalistas de que: “Las minorías no se integran”. Pero, ¿y por qué se tienen que integrar? El único requisito necesario para que un grupo de personas viva en un país es que se someta a las leyes de éste. Y nada más. Aprender el idioma mas hablado en el país, eso solo debe de interesarle a cada persona, porque sin duda le traerá algunas ventajas, o por lo menos le evitaría ciertos problemas. Pero a la mayoría o al Estado no tiene porque importarles en lo más mínimo.

Esa negación a integrarse que se le atribuye a las minorías, es causa fundamental para que a veces no sean aceptados por sus propios compatriotas. Me ha tocado escuchar, en las raras ocasiones que surge una celebridad mexicana con nombre y apellido no hispanos, el típico comentario de alguien: “Es que ése no es mexicano”. Lo cierto es que todo aquel que nació en el país, o en el extranjero pero de padre o madre mexicanos, o se nacionalizo, lo es. Y tiene los mismos derechos que aquel que se apellida Pérez, habla el español como lengua madre y es católico.

Y es que precisamente eso último, ser católico, o el tema de la religión, es donde mas surge la polémica. Cada quien puede abrazar la religión que guste, o ninguna, y mientras en la practica de ésta no se cometa ningún delito, nadie tiene el mas mínimo derecho de fastidiar por el puro gusto. Pero no faltan los necios que ladran a favor de que la religión de la mayoría sea a la que se le debe de dar preferencia, que sea impartida en la educación y que el Estado la adopte como oficial. Eso es el colmo de la necedad. La religión debiera de ser un asunto dentro de cada casa y de cada templo, pero jamás mezclarla con la política y mucho menos con la educación pública. La privada es otra cosa, allí cada quien elige.

Quienes abogan por que la educación que imparte el Estado sea católica, quieren pasar por alto que las minorías religiosas también tienen derechos como todos los ciudadanos que viven al margen de las leyes. Y si los padres de familia pueden educar a sus hijos en su religión dentro de su casa, ¿para qué fastidiar a los hijos de otros con asignaturas que no son de su interés? ¿Acaso por nacer en un país mayoritariamente católico adquieren el derecho de discriminar y fastidiar a quienes no lo son? Viviríamos en el país más tranquilo del mundo si cada persona aceptara que no puede ofender a otra solo porque es diferente.

No hay que confundirse, integrarse dentro de un país no tiene porque ser abrazando su cultura, lengua y religión, sino simplemente viviendo en paz dentro de él. Si las minorías están de acuerdo en colaborar de esa manera, ¿por qué los demás no podemos? Cuando respetan y se hacen respetar, ¿en que nos afecta que vivan dentro del país personas con otra cultura, lengua y religión? Hay quien dice que explotan lo que le toca explotar a quienes pueden probar que el trastatarabuelo de su trastatarabuelo ya nació en estas tierras. La verdad es que cuando una persona no lucha cada día por lo que quiere, no importa que descienda del mismo Hernán Cortés, no lograra absolutamente nada. Culpar a las minorías del fracaso personal es una costumbre mezquina que ofende a la razón y a la libertad.

Vivir en un país con una sola cultura ya es imposible y hasta aburrido. Nuestro suelo es muy grande y cabemos todos. El Estado tiene que adaptarse a todos, a los que están aquí desde hace siglos y a los que van llegando, solo de esa manera puede funcionar y progresar un país. A nadie le van a robar una cultura que no quiere perder. Las religiones pueden ser cientos o miles y no existirá ningún problema si todos aprendemos a respetar. Y precisamente porque no toda la población del país práctica la misma religión, el Estado tiene que ser, forzosamente, laico. Únicamente de esa manera cada ciudadano estará convencido de que el gobierno al que mantente con sus impuestos respeta sus derechos.

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