miércoles, 24 de octubre de 2012

Y finalmente nadie quemó los camiones


En México se pueden cometer muchos delitos sin pagar por ello, se puede agredir a la autoridad, cerrar comercios, tomar por la fuerza universidades y destruirlas, quemar y quemar y quemar lo que a otros mucho trabajo les ha costado -y entre esas quemas puede figurar una gasolinera con todo y un empleado-, y, desde luego, si se pueden quemar a personas, diez o quince camiones son poca cosa, una bagatela, juego de niños, bromillas que deben de causar risa. Todo puede hacerse, repito, sin pagar por ello, siempre cuando el delito sea grupal.

Hace unos meses el gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, dejó salir de prisión a unos delincuentes para ceder a las presiones de otros, y con ello enseñó su poquísimo carácter, como dirían por ahí, le dio de comer al perro callejero. Ahora ya le tomaron la medida, ya saben que es un tipo débil, que mientras le griten fuerte va a decir que sí.

La semana pasada muchos vándalos quemaron varios camiones que suman millones de pesos en producto del trabajo de otras personas que nada tienen que ver con ellos. Arrestaron algo así como a 170 presuntos involucrados, agarrados con la manos en la antorcha, o acabándola de tirar. Vallejo, ese león de la ley, dijo que esta vez no cedería, pero poco a poco los fue soltando a todos. Acabo de leer que ya soltó a los últimos ocho por falta de pruebas. Está a merced de sus verdugos, de ésos con los que quiso dar muestras de buena voluntad. ¿Para qué le dabas de comer al perro callejero, Vallejo? ¿En qué cabeza cabe?

Y sí, ahora resulta que esos camiones se quemaron por un cortocircuito y nadie va a pagar por ese delito. ¡En qué país vivimos!

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