En México
se pueden cometer muchos delitos sin pagar por ello, se puede agredir a la
autoridad, cerrar comercios, tomar por la fuerza universidades y destruirlas,
quemar y quemar y quemar lo que a otros mucho trabajo les ha costado -y entre
esas quemas puede figurar una gasolinera con todo y un empleado-, y, desde
luego, si se pueden quemar a personas, diez o quince camiones son poca cosa,
una bagatela, juego de niños, bromillas que deben de causar risa. Todo puede
hacerse, repito, sin pagar por ello, siempre cuando el delito sea grupal.
Hace unos
meses el gobernador de Michoacán, Fausto Vallejo, dejó salir de prisión a unos
delincuentes para ceder a las presiones de otros, y con ello enseñó su poquísimo
carácter, como dirían por ahí, le dio de comer al perro callejero. Ahora ya le
tomaron la medida, ya saben que es un tipo débil, que mientras le griten fuerte
va a decir que sí.
La semana pasada muchos vándalos quemaron varios camiones que suman millones de pesos en
producto del trabajo de otras personas que nada tienen que ver con ellos. Arrestaron
algo así como a 170 presuntos involucrados, agarrados con la manos en la
antorcha, o acabándola de tirar. Vallejo, ese león de la ley, dijo que esta vez
no cedería, pero poco a poco los fue soltando a todos. Acabo de leer que ya soltó a
los últimos ocho por falta de pruebas. Está a merced de sus verdugos, de ésos
con los que quiso dar muestras de buena voluntad. ¿Para qué le dabas de comer
al perro callejero, Vallejo? ¿En qué cabeza cabe?
Y sí, ahora
resulta que esos camiones se quemaron por un cortocircuito y nadie va a pagar
por ese delito. ¡En qué país vivimos!

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