domingo, 9 de diciembre de 2012

Márquez le da con el matamoscas a Pacquiao


No lo digo, desde luego, de manera despectiva. Lo que pasa es que el contundente puñetazo del mexicano me recordó a esas caricaturescas escenas de cuando alguien va encima de un vehiculo y no ve la rama de un árbol que está enfrente… y cae fulminado.

Es un gran mérito digno de elogio el hecho de que Juan Manuel Márquez, a sus 39, esté tan en buena forma. No olvidemos que Julio César Chávez, al pasar los 30, empezó su caída libre. De hecho, a muchos gladiadores precisamente  esa etapa de su carrera, la de principios de sus 30s, les marca el principio de su fin. De allí en adelante puras malas peleas, derrotas, empates y hasta humillaciones.

Por eso no deja de ser meritorio que Márquez a su edad se mantenga tan bien. Y siga pegando como titán. Porque Pacquiao es Pacquiao, un gladiador que merece ser temido. Fuera del ring parece muy inofensivo pero dentro es una verdadera ametralladora que dispara puñetazos que han dejado en ridículo y en el suelo a gigantes en físico y en trayectoria como Óscar de la Hoya.

Son dos viejos rivales. Manny Pacquiao ha vencido a Márquez anteriormente, pero en peleas dudosas, tanto que ayer sabía que podía perder. El mexicano llegó a la cita en plena forma. Sabía que era su última oportunidad de irse como los grandes, de ser una leyenda consumada. No la tenía sencilla. El filipino es  cinco años más joven que él, y también es uno de los mejores peleadores del mundo.

El inicio del encontronazo dejó claro que ambos tenían posibilidades de ganar. En el tercer round un mazazo del mexicano mandó al filipino al suelo de manera contundente. Pero se levantó. Y dio pelea. Al final del quinto round parecía que Márquez, pese al gran esfuerzo, perdería. Pacquiao se le fue con todo y lo acorraló. Casi lo liquida allí mismo.

En esos momentos todo indicaba que Márquez perdería. No se puede aguantar una paliza continua del Pac-Man por muchos segundos. Esos cinco años de diferencia en la recta final de la carrera del mexicano parecían ser determinantes. Porque para un boxeador en la época de sus 20 no son nada, pero en sus 30 son mucho, son cansancio, son ausencia de reflejos y son, en fin, casi todo. Buen intento, pensamos muchos, pero esto acabó. Sin embargo, nos equivocamos.

Al iniciar el sexto round la pelea volvió al centro del coliseo. La breve superioridad que había demostrado Pacquiao poco antes desapareció. Los golpes impactaban a ambos y parecía que la pelea sería larga, que acabarían abatidos los doce episodios y que los jueces darían un resultado polémico que haría gritar improperios a los asistentes.

Sin embargo, justo cuando el réferi buscaba una hendidura para meterse entre ellos, desapartarlos y dar por terminado el sexto round, un puñetazo de Márquez buscó el rostro de Pacquiao y el rostro de Pacquiao desafiante buscó el puñetazo de Márquez. El impactó fue atroz. Un golpe demoledor. El coloso de ojos rasgados cayó como piedra, deshecho. Y aunque poco después reaccionó, sería bueno que hoy alguien le cuente que es boxeador, que ayer peleó y que, de manera contundente, también perdió.

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