No lo digo, desde luego, de manera despectiva. Lo
que pasa es que el contundente puñetazo del mexicano me recordó a esas
caricaturescas escenas de cuando alguien va encima de un vehiculo y no ve la
rama de un árbol que está enfrente… y cae fulminado.
Es un gran mérito digno de elogio el hecho de
que Juan Manuel Márquez, a sus 39, esté tan en buena forma. No olvidemos que
Julio César Chávez, al pasar los 30, empezó su caída libre. De hecho, a muchos gladiadores
precisamente esa etapa de su carrera, la de principios de sus 30s, les marca
el principio de su fin. De allí en adelante puras malas peleas, derrotas,
empates y hasta humillaciones.
Por eso no deja de ser meritorio que Márquez a
su edad se mantenga tan bien. Y siga pegando como titán. Porque Pacquiao es Pacquiao,
un gladiador que merece ser temido. Fuera del ring parece muy inofensivo pero
dentro es una verdadera ametralladora que dispara puñetazos que han dejado en ridículo y
en el suelo a gigantes en físico y en trayectoria como Óscar de la Hoya.
Son dos viejos rivales. Manny Pacquiao ha
vencido a Márquez anteriormente, pero en peleas dudosas, tanto que ayer sabía
que podía perder. El mexicano llegó a la cita en plena forma. Sabía que era su última
oportunidad de irse como los grandes, de ser una leyenda consumada. No la tenía
sencilla. El filipino es cinco años más joven que él, y también es uno
de los mejores peleadores del mundo.
El inicio del encontronazo dejó claro que ambos
tenían posibilidades de ganar. En el tercer round un mazazo del mexicano mandó
al filipino al suelo de manera contundente. Pero se levantó. Y dio pelea. Al final
del quinto round parecía que Márquez, pese al gran esfuerzo, perdería. Pacquiao
se le fue con todo y lo acorraló. Casi lo liquida allí mismo.
En esos momentos todo indicaba que Márquez
perdería. No se puede aguantar una paliza continua del Pac-Man por muchos
segundos. Esos cinco años de diferencia en la recta final de la carrera del
mexicano parecían ser determinantes. Porque para un boxeador en la época de sus
20 no son nada, pero en sus 30 son mucho, son cansancio, son ausencia de reflejos
y son, en fin, casi todo. Buen intento, pensamos muchos, pero esto acabó. Sin embargo,
nos equivocamos.
Al iniciar el sexto round la pelea volvió al
centro del coliseo. La breve superioridad que había demostrado Pacquiao poco
antes desapareció. Los golpes impactaban a ambos y parecía que la pelea sería
larga, que acabarían abatidos los doce episodios y que los jueces darían un
resultado polémico que haría gritar improperios a los asistentes.
Sin embargo, justo cuando el réferi buscaba una hendidura para meterse entre ellos, desapartarlos y dar por terminado el sexto round, un puñetazo de Márquez buscó el rostro de Pacquiao y el rostro de Pacquiao desafiante buscó el puñetazo de Márquez. El impactó fue atroz. Un golpe demoledor. El coloso de ojos rasgados cayó como piedra, deshecho. Y aunque poco después reaccionó, sería bueno que hoy alguien le cuente que es boxeador, que ayer peleó y que, de manera contundente, también perdió.

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